© Commisiò Tàpies, VEGAP, Pamplona, 2015

 

Antoni Tàpies, Composició amb cistella, 1996

"Composició amb Cistella" es una de las esculturas más importantes en la producción de Antoni Tàpies. Realizada en 1996 a partir de una gran caja de cartón de embalaje fundida en bronce, su factura estética es aparentemente pobre, dentro de un renovado ejercicio de estilo "povera", del cual Tàpies fue figura principal desde sus obras pioneras de los años cincuenta, en consonancia con el denominado Nouveau Realisme que se practicaba en Francia y el arte povera italiano de los sesenta. El mencionado movimiento francés, dirigido por los manifiestos del crítico de arte Pierre Restany, reunió a artistas como Daniel Spoerri, Arman o César que, como Tàpies, definieron nuevos enfoques perspectivos de lo real, renunciando a los soportes tradicionales por medio de la aprehensión de materiales de desecho industrial o de la sociedad de consumo, dando importancia al azar y a la ironía, y liberando al arte de las fronteras entre arte y banalidad.

El primer trabajo de Tàpies con objetos reales data de 1956, Puerta Metálica y Violín, donde una cancela o persiana de acero, hace de partitura ondulada para un viejo violín adherido a ella. A partir de este trabajo pionero, la pintura informalista y matérica de Tàpies coincidirá con trabajos de assemblage en materiales tan cotidianos como colchones, cuerdas, redes, libros o zapatos, proyectando la más cruda realidad como un signo más de su estética de su abstracción gráfica y metafórica, convirtiendo algunas de sus composiciones en arqueologías de apariencia jeroglífica. Su primer ensamblaje de cartón data, sin embargo de 1959, representando un simple trozo envuelto en cuerda, que queda exaltado como icono idealizado de la más austera realidad.

En el trabajo de 1996, esa objetividad del material es equívoca, en un ejercicio de ironía muy característico del arte contemporáneo de los años noventa: el gran cartonaje con su cesta de mimbre en el interior es en realidad una fundición en pesado bronce a la cera perdida, con un recubrimiento de pátina dorada. Si en los años sesenta el objeto vulgar era el frágil protagonista de la instalación, ahora nos encontramos con la apropiación de este material para su exaltación desmesurada.

Kristian Leahy