© Manolo Millares, VEGAP, Pamplona, 2015

Características técnicas

Óleo, carboncillo, incisiones y zurzidos sobre arpillera
Medidas: 161 x 161 x 9 cm.

Manuel Millares, "De este Paraíso", 1969

El pintor canario Manolo Millares (1926-1972) está considerado como uno de los artistas informalistas más importantes del siglo XX. De familia de poetas e historiadores, su corta pero intensa obra perdura como una de las más desgarradoras imágenes de una mirada abstracta pero tangible y material sobre los desastres de la guerra y el abuso de poder. Fue fundador del grupo El Paso en 1957, primer colectivo de pintores abstractos españoles, donde cada uno se singularizó de los demás por un uso diferente del soporte y los materiales de trabajo. Si Manuel Rivera utilizó la técnica de las mallas metálicas, y Feito o Francés las arenas, Millares se distinguió por la arpillera o tela de saco como soporte para su trabajo, en la estela de artistas coetáneos a él como el italiano Alberto Burri.

Dicho material pobre era tan mísero como el sentido que le quería dar al concepto de su trabajo, basado en la recreación existencialista del ser humano y la poética de la indecencia y la mortalidad. Dichos sacos tensados en el bastidor eran manipulados, rajados con incisiones, lacerados, plegados y cosidos en el bastidor, en uno de los ejercicios más brillantes que se recuerdan en el siglo XX de técnicas asociadas a la manipulación del lienzo y a las posibilidades creativas del soporte. A finales de los años cincuenta, artistas como Lucio Fontana con sus incisiones sobre el lienzo o Manzoni y sus acumulaciones de caolín y algodón, planteaban problemas de tipo escultórico en el lienzo, encerrando valores espaciales que en ese momento se denominaron como espacialismo. En España han sobresalido en este movimiento, además de Millares, artistas como el mencionado Rivera y sus telarañas metálicas o los sobrios relieves de madera de Lucio Muñoz. La corta vida de Millares hizo que apenas realizara unas 500 arpilleras entre 1954 y la fecha de su muerte en 1972.

El desarrollo de este singular compromiso estético partió de unas primeras obras bidimensionales en las que planteaba el cuadro como muro de signos y símbolos, siguiendo el estilo del uruguayo Joaquín Torres-García e influido lejanamente por los collages de objetos reales de Kurt Schwitters. En sus primeras arpilleras de 1954, el soporte dejó de ser la tela tradicional para convertirse en un mapa de zurcidos y desgarros en tres dimensiones, donde ya se advierte ese juego ambivalente entre reconstrucción del material y su destrucción, iluminado todo ello por un lenguaje pictórico que evolucionó del negro y ocre de sus inicios hasta el blanco luminoso de su último periodo, por medio de series como las Antropofunas, losHombres Caídos o los Sarcófagos para un Personaje. En todas sus arpilleras encontramos relieves de pliegues como una orografía de montañas de cadáveres dispuestos en un tétrico escenario herido, que representa la crueldad de la violencia y el destino material de la existencia. Transcurrido el periodo de fondos negros, surgen en el último de su vida los fondos blancos de mortaja, al cual pertenece De este Paraíso, irónico en su referencia a la idílica libertad que no existía en la época en que se pintó. En él se nos muestra la alzada figura de lo que Millares llamaba homúnculos, un humanoide grotesco que parece intuirse como un ser amortajado, a la manera con que se envolvían las momias nativas guanches que tanto fascinaron a Millares en su juventud, en sus visitas al Museo Canario. En esta obra, la tercera dimensión del relieve figurado materializa todo un "paraíso" de aquellos años de niñez del artista durante la Guerra Civil española y los efectos inhumanos de la posguerra. La grandeza del arte de Millares radica en su visión radical de la existencia, cruda como una radiografía del alma humana, tan corrompida como bella, y cromáticamente tan blanca y negra como la vida y la muerte.

Kristian Leahy