© Jorge Oteiza, VEGAP, Pamplona, 2015

Características técnicas

Bronce a la cera perdida, con patina de color marrón

Firmado y fechado en el lateral derecho OTEIZA 1952

Medidas: 57 x 14,5 x 19,5 cm.

Obra de una edición de 9 ejemplares en bronce no numeradas y 2 versiones en piedra

Procedencia del artista

Jorge Oteiza, Fraile franciscano, 1952

En más de una ocasión, Jorge Oteiza manifestó su admiración por la espiritualidad franciscana, en la que percibía una capacidad de concebir la sensibilidad estética y la religiosa como una unidad. Una sensibilidad capaz de percibir que "se vive de Dios, en todo", tal como "ocurría en el primitivo franciscanismo de Asís, que hemos perdido", según explicó Oteiza enQuousque tandem…!(n. 82).

El Fraile franciscano del Museo Universidad de Navarra, realizado en 1952, es otra muestra de este "franciscanismo" de Oteiza, lo mismo que otras obras como el San Antonio de Padua (1956) que también se conserva en la Universidad de Navarra. Una temática que, para Oteiza, está muy vinculada al proyecto de Aránzazu, que estaba realizando por esas fechas y que fue, precisamente, un encargo de los padres franciscanos. El Fraile franciscano muestra, de hecho, un notable parecido formal con los Apóstoles de Aránzazu: se trata de una figura masculina que observa el cielo, dominada por los espacios huecos, tanto en la cabeza, como en el pecho y en las piernas.

Este interés por el vacío es parte del proceso de exploración que el escultor estaba llevando a cabo por aquellos años. Por un lado, respondía a una exploración formal: el estudio de la desocupación de los diversos elementos geométricos. Pero también también constituía una metáfora espiritual de la "desocupación" interior como imagen de la santidad, que Oteiza encontró en los escritos del maestro Eckhart o de san Juan de la Cruz. En sus Ejercicios espirituales en un túnel(1984), por ejemplo, Oteiza comentaba en esta línea sus obras religiosas de la época de Aránzazu: "Este sentimiento activo de santidad se define en cada imagen, abriéndose su figura a los demás, perdiendo sentido y peso materiales y adquiriendo un impulso hacia lo alto".

De este modo, la figura "desocupada" del Fraile franciscano, como la de los apóstoles de Aránzazu, era para Oteiza una metáfora del autovaciarse para abrirse al prójimo propio de la santidad cristiana, que hace que las leyes de lo estrictamente material (la gravedad) pierdan su primacía. Así se entiende que la exploración escultórica del vacío, que culminaría en elPropósito experimental que Oteiza presentó en la bienal de Sao Paulo de 1957, no era, para Oteiza, una cuestión formal, sino todo un programa existencial y espiritual.

Esto es lo que Oteiza comprendió a través del "franciscanismo" de Aránzazu, según declaraba en 1960: "He comprobado en Aránzazu que iglesia y estatua dicen lo mismo para mí. He entendido que no son dos mundos distintos, que no tengo negocios diferentes. Todo día es para el escultor domingo, día consagrado a la salvación espiritual" (Quousque tandem…!, n. 153). Lo cual era, según decía a continuación, resumen de su mensaje estético-espiritual: "No tengo otro [mensaje] y es tan sencillo, tan franciscano. La sensibilidad artística transforma religiosamente al hombre con su mundo y con su vida. El amor que se pone para la estatua es un amor sin horario y sin condiciones. Es el mismo amor que convierte a un hombre en apóstol, el que convierte una piedra en estatua. Así todas las cosas pesan hacia arriba" (Ibid.).

La figura del Fraile franciscano que conserva la Universidad de Navarra es uno de los nueve ejemplares en bronce que Oteiza realizó de esta figura, de la que también existen dos versiones en piedra.

Javier Ortiz-Echagüe

 

Bibliografía

Jorge Oteiza, Ejercicios espirituales en un túnel. En busca y encuentro de nuestra identidad perdida, Donostia, Hordago, 1984

Jorge Oteiza, Quousque tandem….! Ensayo de interpretación estética del alma vasca, Auñamendi, San Sebastián, 1963

Miguel Pelay Orozco, Oteiza. Su obra, su vida, su pensamiento, su palabra, Bilbao, La Gran Enciclopedia Vasca, 1978.