José Ortiz Echagüe, Moras de Tetuán 2, 1912

Ingeniero y empresario, José Ortiz Echagüe (1886-1980) es también uno de los grandes representantes de la historia de la fotografía en España. Comenzó a practicar la fotografía ya en su adolescencia, al mismo tiempo que estudiaba en la Academia de Ingenieros de Guadalajara, donde se graduó en 1909. Ese año se trasladó al Rif, en la zona de Melilla, donde realizó tres estancias como miembro del ejército español enviado a pacificar aquella zona. Poco después de su vuelta a España, abandonó el ejército para dedicarse de lleno a la fundación de Construcciones Aeronáuticas SA, la empresa que dirigió desde 1923. A partir de entonces, Ortiz Echagüe fue conocido como fotógrafo por sus grandes series de temática española, que vieron la luz como libro por primera vez enSpanische Köpfe, publicado en Berlín en 1929 y traducido como Tipos y trajes de España. Más tarde le seguirían España. Castillos y alcázares (1939), España mística (1943) y España. Pueblos y paisajes (1956).

Moras de Tetuán es un buen ejemplo de la experimentación formal y técnica que Ortiz Echagüe llevó a cabo en su obra de juventud. Se trata de un doble retrato de dos muchachas de Tetuán, que refleja el interés del fotógrafo por captar a los personajes con sus trajes característicos situados en su entorno habitual, en este caso sobre un fondo montañoso. Lo que llama más la atención en esta imagen es que este fondo ha sido profundamente alterado: todo aparece raspado, hasta mostrar el color blanco del papel fotográfico. Existen, de hecho, varias versiones de esta misma fotografía, con diversas variantes sobre el fondo, que según los casos aparece más o menos intervenido por su autor.

Ortiz Echagüe siempre insistió en el valor documental que tenía su obra. Pero al mismo tiempo, y sobre todo en esta etapa más juvenil, también trabajó intensamente sobre las composiciones o las texturas de sus imágenes. En esto, estaba en plena sintonía con el movimiento de la fotografía artística mundial. Por ejemplo, con los autores que publicaban por esos mismos años en revistas como la neoyorkina Camera Work, como Frank Eugene, que en el número de abril de 1910 de esta revista publicó un Caballo con el fondo muy raspado, que sería muy criticado por su aspecto poco "fotográfico". Eugene respondió a esas críticas asegurando que esto afectaba sólo al "fondo" de la imagen, mientras que la "figura" seguía siendo una fotografía perfectamente documental. Algo parecido ocurría con la imagen de Ortiz Echagüe, que manejó argumentos similares: "Si con frecuencia [mis obras] requieren una larga labor de retoque", escribió, "esta debe realizarse con todo respeto al fondo fotográfico".

Moras de Tetuán pretendía ser el retrato de unas muchachas rifeñas, al mismo tiempo que una imagen cuidada, en la que la composición o las texturas son tan importantes como la realidad documentada. Sin embargo, no todas las versiones de esta fotografía eran iguales, y cuando Ortiz Echagüe tuvo que seleccionar algunas de sus fotografías africanas para componer la sección "africana" de España en su libro Tipos y trajes, no eligió las más versiones más intervenidas, sino las que respetaban más el carácter fotográfico de su "fondo" montañoso. De este modo, el propio Ortiz Echagüe descartó algunas de las opciones más intervencionistas que manejó en su juventud, para ajustarse al "canon" de su obra de madurez.

Una fotografía como las Moras de Tetuán refleja, de este modo, la discusión sobre el modo de entender la fotografía que recorre la obra entera de su autor.

Javier Ortiz Echagüe