© Zabalaga-Leku, VEGAP, Pamplona, 2015

Características técnicas

Hierro

Firmado en la base

Pieza única

25 x 31 x 27 cm.

 

Chillida, Música de las Esferas II, 1953

Música de las Esferas II es una de las primeras esculturas en hierro que el escultor Eduardo Chillida (1924-2002) realizó en los años cincuenta, tras abandonar el modelado con yeso y piedra de sus años de formación en París durante los años 1948 a 1951. La circular pieza fue realizada en la fragua de Illarramendi en 1953, lugar donde Chillida descubre el poder creativo de la tradicional forja de hierro cuyos precedentes sólo encontramos en artistas españoles como Julio González o Pablo Gargallo. Allí crea su primera escultura Ilarik, a la que seguirían otras como Peine del Viento I,  Música de las Esferas IContrapunto,Consejo al Espacio I y la presente obra. En todas ellas, cimientos de su producción posterior, encontramos las cuatro inquietudes creativas de Chillida, tal como Kosme de Barañano ha razonado: el mundo del aire, del fuego, del espacio y el de la música, campos de inspiración donde de alguna manera no existe "ni armazón, ni estructura espacial, la forma no es más que una fuerza fijada en el trayecto de su movimiento. Imagen abstracta que, de una proposición indiferente en sí, hace derivar todas las consecuencias que implica según un esquema dado, fuga plástica".

La expresividad de la presente obra, como la música que sugiere, se basa en ritmos circulares que surgen de un núcleo estructural a modo de espacio de silencio del que fluyen apéndices de hierro como armónicas notas en el aire. La estructura circular de Música de las Esferas II invierte la apariencia estática y física, propias de la masa escultórica, para dinamizar la creación de espacios y sus respectivos vacíos. En la escultura de Chillida, afirma Kosme de Barañano, "el material de hierro, con sus imperfecciones a modo de cicatrices o pliegues, delatan un expresionismo acorde con las formas abstractas de su composición, transmitiéndonos más un enigma que una solución formal, una poesía más que un elemento irracional, un pensamiento metafísico más que un espacio de lírico drama". Concebida sin pedestal, esta obra parece levitar en el aire como el sonido inmaterial y sostenido de una música indeterminada. Al igual que Música Callada de 1955, inspirada en el poema homónimo de San Juan de la Cruz, esta obra sugiere ecos ilimitados de un signo en el espacio, como es el vuelo fugaz de un pájaro o un eco resonante.  Chillida revitaliza el vacío invisible erigiendo formas que lo modelan y armonizan, en un poético rumor de signos que se expanden y penetran en nuestro espacio, como un diálogo entre aire y masa resuelto en armónica gravitación.

Kristian Leahy