©Luis Feito, VEGAP, Pamplona, 2015

Características técnicas

Óleo y arena sobre lienzo

Firmado y fechado en el ángulo inferior izquierdo: Feito 57

Al dorso firmado y fechado FEITO 1957, y escrito a tinta en el bastidor Feito-6

Etiqueta en el bastidor "45 Feito, Luis Pintura "sin título" 1957 TM/L 80 108 Jesús Huarte, Artes Plásticas"

Medidas: 80,5 x 108 cm.

Luis Feito, Sin título,1957

La pintura abstracta de Luis Feito (Madrid 1929) surge en los años cincuenta como una reacción lógica al rigor académico impuesto por la Academia de Bellas Artes de San Fernando, donde el artista se forma. Nombrado profesor de dibujo de esta institución en 1954, su producción pictórica ya es de tipo informalista desde 1952, empeñado en crear algo nuevo, con una serie de obras lineales entrecruzadas que zigzaguean entre fondos de bronce empastado. Esta intención estética motivó que en 1957 se uniera al grupo El Paso, primer movimiento abstracto español, junto con artistas como Manolo Millares, Antonio Saura o Rafael Canogar, de los que se distinguió con una pintura personalizada en composiciones matéricas de resonancias expresionistas y evocaciones del gesto oriental, en la línea de la abstracción nebulosa de Zao Wou-Ki o del lirismo de Georges Mathieu. Los colores blancos y negros, y toda su gama de grises, fueron protagonistas del genuino cromatismo de su primera década de trabajo de los cincuenta.

En ese periodo, el automatismo inconsciente de un conflicto interior fue el motor creativo de su lenguaje, como el propio artista ha confesado: "Yo he vivido en una situación de permanente conflicto interior, de tensiones: cielo e infierno, luz y tiniebla, negro y blanco. Para mí, eso es la vida. Mi trabajo es una consecuencia de esas tensiones internas". Dichas tensiones se ven reflejadas en sus cuadros a modo de desiertos de materia, alumbrados por luces y sombras, y gestos de dolor y esperanza. En su modo de trabajar, Feito atacaba el lienzo en una sola sesión, sin un plan preconcebido o reflexivo: "En mi trabajo no hay nunca premeditación, como cuando las formas comienzan a concentrarse, a organizarse en un orden cerrado, como de protección (…) Es un poco a la manera oriental en la que el centro es el estómago y sale por el brazo. La cabeza, el intelecto, no interviene en modo alguno. El ideal es que ese acto no esté mediatizado por tu cultura, por tu formación. En la época de las materias yo actuaba en una forma cercana a esa vía oriental. Si trabajaba sobre el suelo no lo hacía por un problema técnico sino porque así, metido en la pintura, no tienes tentación de componer, no ves en realidad la forma que estás haciendo, no hay premeditación (…) todo surgía de un modo intuitivo". De esa perspicacia creativa, liberada de la presión de la reflexión y basada tanto en el impulso como en la contemplación, Feito realizó todo un conjunto en gamas de grises con puntos lumínicos aleatorios de colores más claros, dejando que la naturaleza de la pintura impusiera sus propias reglas, a la manera de las fuerzas volcánicas de su magmática pintura emergiendo desde sí misma con la naturalidad enérgica de un ser vivo. Feito siempre ha sido un compositor de la pintura, un intérprete que practicó las notas de intermediación entre las energías propias de su pintura y la contemplación del azar de su naturaleza.

Kristian Leahy